En la verdadera unión sexual, de repente se revela evidente que Yo soy tú, y tú eres Yo. Estoy en tu cuerpo y tú en el mío. En ese instante de sublime pureza, las almas eternamente jóvenes se encuentran, abrazadas a la vez, por La Presencia.

A ti, mi amor.

Hay muchas maneras de practicar la sexualidad, pero voy a centrarme exclusivamente en hablar de la que practico. Si verdaderamente nos queremos unir en la relación sexual, fundirnos el uno con el otro, hay que practicar la desnudez del alma, tal y como nos desnudamos el cuerpo para el acto sexual.

SEXUALIDAD TÁNTRICA

Puede haber días luminosos en los que todo fluye; la sensualidad está en el aire, la energía circula con fluidez, y existe una alegría, una complicidad que aparecen naturalmente. Pero cuando esto no sucede, se hace necesario el Tantra. Ésta enseñanza y su práctica, nos permite ver lo que está aconteciendo en ese instante.

Hay todo tipo de posibilidades que podemos utilizar, canalizar o inventar, para ayudarnos a desprendernos de todos esos aspectos egoicos que habitualmente llamamos yo. Son barreras de más o menos importancia, que impiden esa accesibilidad, esa rendición, esa apertura de mí mismo hacia la otra persona.

Si queremos encontrarnos realmente, es necesario primero, enfocarse para ver qué nos lo impide. Percibir con verdadero interés a todo ese movimiento para después tomar la decisión de soltar lastres, roles e irnos centrando una y otra vez en el presente, en quién soy y quién tengo delante.

Así que el regreso y la repetición sirven como la leña al fuego, para encender y hacer circular la energía. En ese intento, durante ese proceso de desprendimiento, vamos a descubrir en ocasiones, dificultades, recuerdos, interferencias de todo tipo, como falsas creencias o condicionamientos que nos reprimen e inhiben el apetito sexual o la energía vital.

Desde la mente, todo esto parecen obstáculos insalvables. Por eso hay que conocer y aprender a manejar todos esos mecanismos, a cómo activar el cuerpo, las sensaciones, a hacer circular la energía para armonizarnos, y así llegar a traspasar esas barreras aparentemente imposibles de derrocar. Con la práctica nos daremos cuenta que aunque en un principio emprendamos la sexualidad desde un lugar denso, falto de deseo, o incluso apático, es posible aflojarnos, dejarnos ir y llegar a un lugar de libertad interior.